La Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, 25 de Diciembre, Día de Obligación

Dijome el Señor: Mi Hijo eres tu: yo te he engendrado hoy.
Salmo 2,7

Misa a Medianoche

¡Cristo ha nacido para nosotros: venid, adoremosle! El Verbo eternamente engendrado por el Padre entre resplandores de santidad, esta reclinado en el Pesebre, Niño recién nacido de las virginales entrañas de Maria. Este estupendo misterio se ordena a santificar al pueblo cristiano.
San Lucas describe las circunstancias de tiempo y lugar del Santo Nacimiento, y su gloriosa manifestación a los Pastores, y termina con el canto de los Angeles: „Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres de buena voluntad!“

¡Oh Dios, que hiciste brillar esta sacratisima noche con el resplandor de la luz verdadera! Rogamos nos concedas que pues conocemos en la tierra los misterios de esta Luz, gocemos en el cielo de la delicias de Aquel: Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Misa a la Aurora, Estación en Santa Anastasia

Jesus nace como luz que viene a iluminar nuestra mente, y debe resplandecer en nuestras obras.
En el portal esta patente la benignidad y humanidad de Dios nuestro Salvador y nuestro modelo.
¡Que jubilo el de los Pastores al encontrar al Niño con su Madre y San Jose, y recibir sus primeras bendiciones!
¡Vayamos con ellos al Portal llevando el corazón lleno de sencillez y fervor!
En esta Misa se hace conmemoración de Santa Anastasia, en cuyo templo palatino celebraba el Romano Pontífice la estación con asistencia de la corte imperial.

Oremos.- Rogamos, Dios todopoderoso, nos concedas: que pues somos iluminados con la nueva luz de tu Verbo encarnado, resplandezca en nuestras obras lo que por la fe brilla en nuestra mente. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Misa en el Día Solemnisima, Estación en Santa Maria la Mayor, junto al Pesebre

¡El Niño ha nacido para nosotros! Lleva sobre sus hombros el peso de su Imperio.

¿Quien es este Niño, cuyo nacimiento, al cabo de veinte siglos, conmueve al mundo con estremecimientos de jubilo? San Pablo remonta el vuelo a las alturas, y nos lo describe sentado en el trono de su eternidad, tan superior a los Angeles cuanta es la distancia entre los criados y el Hijo Unigénito. Que si hoy se le pueden contar las horas de vida infantil, como Dios vive años eternos, vida imperecedera.
San Juan fija sus ojos de águila en las profundidades misteriosas de la divinidad, y allí, en el seno del Padre, ve fulgurar el Verbo eterno, que hoy aparece en Belen revestido de nuestra carne mortal.
Adoremos a la Majestad divina, encubierta con miembros infantiles para halagarnos y hacernos caricias.

Oremos.- Concédenos. Dios todopoderoso, te rogamos: que el nuevo nacimiento, según la carne, de tu Unigénito Hijo, nos libre; a los que la antigua servidumbre retiene bajo el yugo del pecado. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

La Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, 25 de Diciembre, Día de Obligación

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